Hago nuevas todas las cosas” (Cf. Ap 21,5)
Queridos hermanos
Paz y bien
En la ruta de este Cincuentenario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en Venezuela, no puede faltar el propósito de una renovación y de un nuevo impulso de cara al futuro.
En efecto, ya señalamos en la Carta anterior, que esta efeméride no puede centrarse sólo en un conjunto de actos celebrativos, aunque sean muy motivadores, sino que debe conducir a esfuerzos para hacer más verdadera y significativa la presencia y acción del MCC en Venezuela, en el presente y en todos los años por venir. Como dice un hermoso himno de la Liturgia de las Horas: “No basta con dar las gracias, sin dar lo que las merece, que a fuerza de gratitudes se vuelve la tierra estéril”. Una gratitud que no lleve a una más generosa entrega y a un amor más encendido, esteriliza.
En este orden de cosas, en este esfuerzo sostenido por un presente y un futuro mejor, es evidente que no nos bastamos solos. Nuestro Movimiento, inspirado a su modo por Dios a los iniciadores, y trasplantado providencialmente a Venezuela, no puede lograr esa renovación e impulso sin la gracia divina. Y esa gracia hay que suplicarla.
Por esta razón, y para que respaldemos con una poderosa y unida “palanca” espiritual, tanto el Cincuentenario como todo lo que haremos durante él en estos dos años y sucesivamente, les proponemos una oración común. Sería muy de desear que en estos tiempos aniversarios se rezase al final de todas las actividades del MCC y en las reuniones de equipos. Y para mantener la necesaria comunión eclesial, sugerimos que también se acompañe con la oración por la Misión Continental en Venezuela, que añadimos en esta misma comunicación.
En esta oración, invocamos al Padre, dador de todas las gracias, a Jesús, nuestro hermano y Salvador, y al Espíritu Santo, fortaleza e impulso nuestro. Bendecimos a la Trinidad por lo que nos concede. Pedimos lo que necesitamos. Y nos ofrecemos para realizarlo, contando con la gracia suplicada. Ése es el sentido de nuestra plegaria:
Padre de bondad y clemencia, te bendecimos por todas tus gracias: concédenos fecundidad apostólica. Nos comprometemos contigo.
Jesús, hermano y Señor nuestro, te bendecimos por tu amor: concédenos ser mejores discípulos tuyos. Te seguiremos y te anunciaremos con alegría.
Espíritu Santo, vínculo de amor y dador de vida, te bendecimos por tu fuerza santificadora: concédenos permanecer unidos y ser audaces en gracia. Nos dejaremos conducir por ti.
Dios Uno y Trino: en este Cincuentenario, haz de todos nosotros, y del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, un instrumento de la Iglesia más eficaz en la fermentación evangélica de los ambientes en Venezuela.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
La Misión Continental es también una gracia que nos desborda en este Cincuentenario. Y ha sido designio del Dios providente que tantas bendiciones se armonicen en un mismo tiempo. Y que sean una luz encendida en los tiempos oscuros de nuestra Patria. Queremos cooperar en el esfuerzo de la Misión con todo lo que somos y hacemos. Y también queremos apoyarla con la palanca espiritual común que nos ha propuesto la Conferencia Episcopal. Oraremos así:
Discípulos y misioneros tuyos, queremos remar mar adentro,
para que nuestros pueblos tengan en ti vida abundante, y con solidaridad construyan la fraternidad y la paz.
Señor Jesús, ¡Ven y envíanos!
María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.
Amén.
Que se extienda esta doble oración por todo el país. Y que seamos testigos de las gracias que Dios prodigará en estos años difíciles pero tan prometedores en bendiciones.
Dios los guarde.
Hasta nuestra próxima comunicación
Felipe y Gisela Vanososte P. Carlos Vítolo


